No me había dado cuenta de la importancia que tienen en mi vida, pero mientras más me meto en el vicio, más obvia es mi adicción. Las galletas Chaplín me consumen a mí, en vez de yo consumirlas a ellas.
Algunos visitantes de mi blog no son peruanos, y les explico: Todos en Perú hemos comido alguna vez las galletas Chaplín. Cuestan casi nada y vienen 20 galletas en una bolsa. Son durísimas y saben a... a... a ver a qué saben...
Yaum... a cake de naranjas... algo así. Realmente están hechas de harina de trigo, azúcar y manteca vegetal. Usualmente la gente las compra cuando hace mucha hambre y hay poco dinero. Pero a mí me encantan. Cada día por lo menos me compro 2 bolsas. El asunto es que yo casi siempre trato de comer cosas saludables, pero malogro toda mi dieta con estas galletas. Si son tan baratas, debe ser por algo, ¿no?
Cuando era pequeño, costaban 10 intis y venían en una bolsa con 3 millones de galletas. Ahora, vienen 20, y cuestan un sol. Hace años no comía una, hasta que vi a mi amiga Francesca comer unas en el cine. Las probé y ese mismo día ya me estaba comprando otras.
Dicen que estas galletas son o para amarlas o para odiarlas. Conozco gente que ni siquiera las puede ver. Pero de que son parte de la vida de todos, lo son.
La foto es del blog yujuuuuuu!!!!!, donde también hay un post interesante sobre las galletas Chaplín.
1. Soy adicto al helado.
2. Soy adicto a los Beatles.
3. Soy adicto a la PC y a los videojuegos.
4. Soy adicto a mi casa y mi familia.
5. Soy adicto a Dios.