Chaplín: otro orgullo del Perú

No me había dado cuenta de la importancia que tienen en mi vida, pero mientras más me meto en el vicio, más obvia es mi adicción. Las galletas Chaplín me consumen a mí, en vez de yo consumirlas a ellas.

Algunos visitantes de mi blog no son peruanos, y les explico: Todos en Perú hemos comido alguna vez las galletas Chaplín. Cuestan casi nada y vienen 20 galletas en una bolsa. Son durísimas y saben a... a... a ver a qué saben...

Yaum... a cake de naranjas... algo así. Realmente están hechas de harina de trigo, azúcar y manteca vegetal. Usualmente la gente las compra cuando hace mucha hambre y hay poco dinero. Pero a mí me encantan. Cada día por lo menos me compro 2 bolsas. El asunto es que yo casi siempre trato de comer cosas saludables, pero malogro toda mi dieta con estas galletas. Si son tan baratas, debe ser por algo, ¿no?

Cuando era pequeño, costaban 10 intis y venían en una bolsa con 3 millones de galletas. Ahora, vienen 20, y cuestan un sol. Hace años no comía una, hasta que vi a mi amiga Francesca comer unas en el cine. Las probé y ese mismo día ya me estaba comprando otras.

Dicen que estas galletas son o para amarlas o para odiarlas. Conozco gente que ni siquiera las puede ver. Pero de que son parte de la vida de todos, lo son.

 

La foto es del blog yujuuuuuu!!!!!, donde también hay un post interesante sobre las galletas Chaplín.

El peor montaje de la historia

No pude evitar publicar esto. Y es que este es el peor caso de una realidad con la que me topo todos los días. No sé si es un gen, o un talento aprendido, pero algunas personas sencillamente no pueden diferenciar entre lo estéticamente correcto e incorrecto.

Todos las personas que trabajan en algo relacionado con el diseño han pasado por esto, tanto en la arquitectura, como en el diseño de interiores, gráfico, la publicidad y hasta el diseño de modas. La gente no se da cuenta. Yo me peleo todo el día con mucha gente, por defender la delgada línea que separa lo que se debe hacer, de lo que no se debe hacer.

Los que no saben ésto, son los encargados de prensa del ejército de Bolivia. La foto que ven abajo está en la página oficial, donde estos compadres se la quieren pegar de buenos enseñándonos una foto de un soldado brasilero ayudando a un niño en África, como si fuera de Bolivia. Lo peor es que el montaje lo han hecho en Paint. Y claro, nadie se dio cuenta. Bravo, militares Bolivianos. Así se hace.

 

 Visto en: Menéame

5 cosas que nadie sabe de mí - Adicciones

1. Soy adicto al helado.

Antes, cuando tenía tiempo, comía prácticamente uno al día. Pezziduri, McFlurry, Laritza, Magnum... no importa cómo sea. Si le dicen "helado", yo lo quiero. En los momentos más trágicos de mi vida he ido solo a la heladería a pedirme uno. Qué tiempos aquellos. Ahora, parece que estoy en un proceso de rehabilitación. :P Necesito unooo... por favooorr...

2. Soy adicto a los Beatles.

Cuando era bebito no habían canciones de cuna en casa. Era el LP de PastMasters 1, desde Love Me Do hasta I'm Down, gracias a mi padre. Ahora, no me los puedo sacar de la cabeza. He leído libros, he escuchado todos los discos, conozco todas las canciones, y estoy esperando que salga una más. No admiro el estilo de vida de ellos, ni quiero imitarlos. Fueron un terrible ejemplo para los jóvenes, pero sí admiro su gran talento musical. Su música va a durar para siempre, y espero que la primera frase de mi hijo no sea papá, y no Yeah, yeah, yeah.

3. Soy adicto a la PC y a los videojuegos.

No es mi culpa que mi trabajo sea estar 12 horas al día frente a la máquina, pero sí es mi culpa que al llegar a casa entre de nuevo a internet. Para evitar un desastre mayor, he desinstalado todos los juegos de mi PC, Sims y Starcraft incluídos. Pero los Domingos, nos espera a mí y a mi hermano el PlayStation2. Que alguien nos ayude.

4. Soy adicto a mi casa y mi familia.

Lo sé, soy bastante hogareño, y para algunos algo aburrido. No hay mejor cosa que pasar un día durmiendo en la sala, con mi madre yendo y viniendo, con mi hermano destruyendo la casa con su pelota o con el perro lamiéndome la cara. Uaj.

5. Soy adicto a Dios.

Realmente, este punto es el único que importa. Como leí alguna vez, cuando Dios es lo único que tienes, te das cuenta que Dios es lo único que necesitas. Si la vida es tan corta, realmente no interesa tanto qué hagamos aquí. Muchos pasan su vida buscando una religión, y después de años no saben aún qué pasará con ellos, después que se mueran. Yo me iré al cielo, estoy seguro. Pero además, el mantener una relación constante con Dios trae paz.

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