Como les comenté en otro post, uno de mis sueños en la vida era ver a Chespirito.
¡Y sí! Esta vez no lo vi en la tele, o en YouTube, ¡sino que lo vi con mis propios ojos! y ya soy más feliz que antes. Bueeeno, igual no lo vi una cosa que digamos que bruuuto, que cerca lo estoy viendo. La verdad es como si lo hubiera visto en la tele de la cocina. Pero igual, lo vi y eso nadie me lo quita.
En el intermedio podías comprar los libros de Chespirito y lo mejor es que venían autografiados.Yo pensé que por eso iban a estar recontra caros, pero no. Estaban más baratos que en Crisol. Yo fui con Vane, y los dos salimos con nuestros libros autografiados. Bueno, creo que al final todo el mundo salió con uno.
Lo interesante es que no los firma en tu cara, sino que te lo dan firmado a la salida :/
Pero ¡yo sé que los firma él! Así que no me interesa si alguien sabe que no es así. Además, como que tener 50% de probabildades que sea su firma real, ya lo vale. Así que no me molesten :P
Cuando lo vi, recorde tantas cosas que había vivido gracias a Chespirito.
Cuando tenía 3 o 4 años, vivía por el C.C. Risso, y ahí había un lugar donde vendían unas tortas de jamón alucinantes. Era un miserable pan con jamón, pero para mí eran las del Chavo, y punto. Era feliz.
Cuando tenía 7 años, se me dió por imitar todas las estupideces que hacía el Chavo y (¡chánfle!) mi vieja me prohibió ver el Chavo en la tele. Es que no me tienen paciencia.
Cuando estaba en primaria era típico que alguien se pare en la puerta del salón y nos eche "aguas" a ver si venía el profe. Mientras los demás jugábamos a los encantados dentro. También jugábamos a guerra de plumones, hasta que nos dimos cuenta que igual se enteraban, por las marcas de plumón en las paredes.
Habíamos visto que el Chapulín Colorado podía hacer un salto mortal en el aire tomándose del cuello y haciéndose girar. Yo aprendí a hacerlo en los trampolines. Un pata mío pensó que también, pero se sacó la mugre y nunca más nadie lo intentó.
Y obviamente, una infinidad de veces cuando he estado muy triste, sea por algo en el nido, el cole o la universidad, prendía la tele y el Chavo solucionaba el problema.
¡Tenía que ser el Chavo del Ocho!